viernes, 30 de mayo de 2014

Reseña de "Espada de sentido"

foto de Mayte Pañeda


  Luis González Nieto, catedrático jubilado de Lengua y Literatura en el IES Tirso de Molina de Madrid, autor además del libro Teoría lingüística y enseñanza de la lengua: lingüística para profesores (editorial Cátedra) fue quien me hizo el honor de presentar mi poemario públicamente. Para la ocasión, escribió la siguiente reseña. Se puede consultar también en el blog de la editorial Celesta:

  http://deturbioenclaro.blogspot.com.es/2014/05/acto-de-presentacion-de-espada-de.html





  Cuando una amiga común que está entre nosotros me habló de Luis de la Rosa, me mostró su libro y me propuso que lo presentara como estoy haciendo en este momento, yo no le conocía.
Pero en cuanto leí sus poemas, acepté encantado, no porque él sea  vallisoletano, cosa de la que me enteré al leer la solapa, y yo palentino (que siempre estamos un poco por encima…en el mapa), sino porque me ha impresionado muy gratamente cómo blande su ESPADA DE SENTIDO, como se pelea con las palabras para llenar un vacío, su vacío, para dar forma a una realidad que está ahí, al margen de él pero a su alcance,
Creo que VACÍO, SENTIDO, FORMA y también IMÁGENES Y FANTASMAS son elementos clave de su poesía, como veremos enseguida.
La de Luis de la Rosa es una poesía que si sitúa en el filo de la navaja de la expresión, que intenta ser indagación de la palabra y de lo real. No me gusta nada la palabrita, que está muy de moda, pero estamos en el difícil terreno de la metapoesía, de una poesía intelectual (tampoco me gusta esta expresión pero no encuentro otra), que se cuestiona a sí misma y al mismo tiempo asume, con todos los riesgos, un papel equivalente o sustitutivo de la filosofía, de explicación del sentido de la existencia y de la comunicación.
En la incipiente década de los cuarenta de su vida, el discurso de Luis es maduro, aunque, sobre todo desde mi perspectiva, es muy joven. Pero  normalmente a los cuarenta se es maduro y no es casual, creo yo, que se dedicación a la poesía haya sido relativamente tardía, como él me ha explicado.
A menudo, durante la lectura de sus poemas, me ha resonado aquella invocación juanramoniana: “¡Intelijencia, dame / el nombre exacto de las cosas! / …Que la palabra sea / la cosa misma / creada por mi alma nuevamente. / ¡Intelijencia, dame /  el nombre exacto, y tuyo, / y suyo, y mío, de las cosas”.
O también aquella voz de Ángel González:  “Escribir un poema: marcar la piel del agua. / Suavemente, los signos / Se deforman, se agrandan,… / Se distienden, se tensan hasta / Que el hombre que los mira… / O ve su propio rostro / O –transparencia pura, hondo / Fracaso- no ve nada”.
Es la concepción de  la poesía que se inicia con el simbolismo y el hermetismo como una tarea imposible pero inevitable y que queda clara en los versos de Luis. En varias ocasiones, pero especialmente en el poema que inicia la tercera parte del poemario,Espada, que cumple la función de una poética: “¿Cuando un ser blande inesperado / Una espada afilada de sentido / Inadvertidamente, / No puedes dejar el sentido, / El fantasma que sólo tú ves, / Fuera de las cosas sólidas / O del río limpio? / No, porque yo he desaparecido / Y las cosas existen sin mí”.
Si entendemos bien, se nos está diciendo que el sentido es un fantasma del poeta, las cosas  existen “sin mí”. El darles sentido es la imposible tarea  del poeta.
Algo parecido se nos dice en otro momento: “Palabras como renacuajos en agua inmóvil / Con el riesgo de lo no-sólido, /De no capturar lo perseguido”.
Dije antes que uno de los significados clave de la poesía de Luis es el de FORMA. Aparece en muchos momentos, y de manera a veces contradictoria, “Cuando la forma cría calor / Por fin deja de ser despreciable / U odiosa /… Que las formas que nos rodean sean / Úteros donde meternos palpitantes / Para que dejen de ser zapatos que nos llaguen”.
Pero es la forma la que a veces consigue el milagro, “Misterio del poema: / He parido piedras / Pero, al observarlas, / Veo que son archipiélagos de la vida /…/ Las piedras se elevan / Y se echan a caminar  / Cuando la forma lo decida”.
Junto a la forma están las imágenes y los fantasmas. Tienen mucho que ver con el sentido y a veces se confunden, en medio están las palabras,“Empezar un poema es entrar / A tientas en un cuarto oscuro…”
Hay un momento en que el poeta se ve avanzando locamente en la noche, y lucha por resolver el enigma,  “Hasta que las cosas te miren / Respondiendo a tu mirada. Ahí puedes parar”.
Esa es la ilusión o la utopía a la que aspira el poeta, que a menudo siente que fracasa. La idea reaparece con frecuencia: así en el poema central al que ya nos hemos referido, que concluye, “Se trata de volver al vacío de lo inútil / Y girar estúpido como un derviche”.
También me he referido al significado VACÍO  que me parece clave en la poesía de Luis de la Rosa. No es casual que aparezca en los primeros versos del primer poema del libro: “¿Es verdad tu luna? / Yo tengo, pero tengo / Vacío como estilete en la garganta”. Y en el último, que destila pesimismo existencial: “Qué peligroso estar lleno de vacío”. Y en el que ya hemos glosado dos veces, su poética: “Se trata de volver al vacío de lo inútil / Y girar estúpido como un derviche”.
Un pesimismo existencial, de estirpe cernudiana, está explícito en algunos poemas pero además impregna todo el libro. Es un pesimismo que se entiende mejor cuando se conoce la admiración del poeta por Luis Cernuda, que él me ha explicado.
Y concluyo como comencé. El libro de Luis de la Rosa se inscribe en mi opinión en la corriente de una poesía concebida como investigación de la realidad. A ello no es ajena la expresión, que es a veces coloquial, a veces dura y no elude, sino que busca, en ocasiones, un prosaísmo provocador, incluso el exabrupto,  junto a imágenes sencillas pero potentes.
Aunque la única referencia literaria que se hace en el libro es la poesía de Pedro Salinas, por quien también compartimos admiración los dos Luises y a quien dedica un poema, también me ha confesado mi tocayo su admiración, también compartida, por su paisano Jorge Guillén. Pues bien, a partir de este libro, deseo a Luis de la Rosa que siga los pasos de Guillén y que continúe su obra depurando como él los versos de su Cántico.  

   Luis González Nieto