lunes, 4 de julio de 2016

Suspensión de pagos



En la vida, y cada vez más,
Tienden a fallarme los ingresos
Pero nunca faltan a su cita los apremios de pago.

Me ha llegado uno de cuidado de ancianos
Cuando aún no he cobrado casi nada
De aquello a lo que, como niño,
Tenía derecho.
Falta:
Material escolar,
Gastos médicos,
De ropa,
Y compensación por la voz acorralada por una alambrada eléctrica,
Por el remolino en el desagüe en vez de los brincos al cielo,
Por la pared en la nariz en vez del horizonte,
Por nublado de tormenta en la época del sol
Y sus secuelas de miedo para dentro
E invalidez para fuera.

Pago una letra mensual
A base de transporte diario de mercancías.
A saber:
Una mochila en la espalda,
Cien niños frenéticos en una carretilla,
Un drenaje sordo en pies, pantorrillas...
A veces llega hasta los riñones.
Y eso evitando unos duros bolardos móviles
Que son lo peor: juegan a malos compañeros.
Y a cambio, ¿dónde está la luz para los ojos,
El calor para la piel,
Las palabras que abran una plaza cálida,
Lo que todos los días pide el alma como alimento?

En vacaciones me llega otra letra, léase:
Paripé con familia nominal.
Ocasionalmente se me compensa con una propina
De uva de hollejo tenso, del olor agrio de la masa telúrica
Antes de cerrar su costra en el horno,
De voz de niña abriendo un globo de cielo con mi nombre...
Luz de amanecer, en suma.
Pero es un trabajo en horas extraordinarias
Y similar al de hombre-sandwich.
Es un trabajo de recoger miguitas
Del pastel que me han robado
Y tragarlas con ansia y reverencia.
Es aceptar el papel de siervo para no figurar como desertor.

Pero a veces satisfago pagos indignos
Con la esperanza de que al hacerlo
Llegarán finalmente los ingresos.

Quizás sería mejor dejar de satisfacer tan dócilmente los pagos.
Y solo confiar en los ingresos que yo me haga a mí mismo, por mi mano.
Y dejar de cargar con la responsabilidad de que no se hunda el negocio.
Mejor así, de hecho: que se les hunda el puto negocio.
Que me pongan a hacer el plank walking si les place, como recompensa.
¿Por qué no? Flotar como un náufrago sin nombre, en medio de un mar abierto.

También acabaré ahogándome de la otra manera.


                                                                                                                                         © Luis de la Rosa