lunes, 18 de enero de 2016

No somos el tiempo; somos un tiempo.


No somos el tiempo; somos un tiempo.
Eso significa que haya muerte.
Y la muerte es la piel de la vida.

Pero, ¿si fuéramos el tiempo podríamos ser un tiempo?
—El tiempo rebosando luz de un niño, por ejemplo—
¿No desaparecería todo
—Color, emoción, ilusión—
Como al alejar un google map al máximo?

Sin embargo, testigos como somos,
Creemos que una cualidad de la vida
De la que el tiempo, como un viento a unas hojas
Nos coloca enfrente,
Está delante, esperando solo a que montemos
Desde nuestro pesado vehículo de humanos
Para sentir sin restricciones.

¡Y es tanto lo que nos dice sin embargo
—El curso del sol, las estaciones, la luz y sombra—
Que el tiempo —mudo y expresivo—
Está hecho para ser nuestro espectáculo,
Y que las obras siempre echan el telón!

Pero nuestra conciencia —infinita como el aire—
Se cree con derecho a ese infinito
Que es el tiempo
Eterno.

El presente vivo cree ser
El legítimo propietario de la eternidad,
Como para hacerla viva con su vida.
Como hemos comprobado que ocurre
Algo diferente,
Hemos imaginado una conciencia
Que efectivamente es el tiempo
Y hemos terminado nuestra ensoñación
Creyendo que sea nuestra amiga
(Solo que en otro lugar).

Las trabas de la vida lograremos soltar,
Rescataremos el sol de primavera
Y jugaremos con él como un gatito
Todas las mañanas,
Y comprobaremos entonces
Que el infierno, probablemente,
Sería la eternidad
Y que una vida puede llegar a ser perfecta
Sin necesidad de llevárnosla en la maleta.


                                                                                    © Luis de la Rosa
                                               Tomado del libro "La sombra de la tarde"